La próxima reunión del G7 estará marcada por dos grandes conflictos: Medio Oriente y Ucrania. Francia, como país anfitrión, busca mantener unidos a los países miembros, aunque existen diferencias sobre cómo tratar a Irán, Rusia y China.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski buscará mayor respaldo europeo, mientras varios países europeos presionan para que Estados Unidos no suavice demasiado su postura frente a Rusia. Al mismo tiempo, la situación con Irán podría cambiar el tono completo de la cumbre.
La noticia es relevante porque el G7 funciona como una especie de termómetro del poder mundial. Lo que ahí se discuta puede influir en sanciones, apoyo militar, precios de energía, comercio internacional y relaciones diplomáticas.


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