México entra a una etapa delicada con el T-MEC, luego de que Estados Unidos optara por revisiones anuales en lugar de una renovación automática más larga. Esto preocupa a empresarios y analistas porque la inversión necesita estabilidad, no revisiones constantes.
El punto central no es que el tratado desaparezca de inmediato, sino que cada año podría abrirse una nueva negociación sobre reglas de origen, salarios, insumos chinos, aranceles y barreras comerciales. Eso puede frenar decisiones de nearshoring y nuevos proyectos industriales.
La próxima reunión trilateral está prevista para el 20 de julio, y ahí México buscará reducir incertidumbre para proteger exportaciones, industria automotriz y atracción de capital. El tema importa porque el crecimiento económico mexicano sigue débil y cualquier duda comercial pega directo a empleo e inversión.


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