Teherán / Washington / Tel Aviv, 7 de marzo de 2026 — El conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán cumplió este sábado su octava jornada sin señales de desescalada, marcado por una nueva oleada de bombardeos aéreos que alcanzaron instalaciones petroleras y militares en la capital iraní, mientras el presidente Donald Trump amenazó con golpear “muy duro” al régimen de Teherán y el primer ministro Benjamin Netanyahu prometió “muchas sorpresas” en la siguiente fase de la ofensiva.
Durante la madrugada y la tarde del sábado, explosiones iluminaron el cielo de Teherán tras impactos confirmados en un depósito de petróleo al sur de la ciudad —el primer ataque directo reportado contra infraestructura civil-energética clave—, aeropuertos militares y presuntos centros de mando de la Guardia Revolucionaria Islámica. Las autoridades iraníes reportaron daños limitados en las instalaciones principales de refinación, aunque las llamas visibles desde varios kilómetros generaron alarma entre la población. Israel afirmó haber ejecutado más de 3.400 ataques aéreos desde el inicio de la operación “Roaring Lion” hace una semana, logrando un “control casi total” del espacio aéreo iraní y neutralizando más de 150 sistemas de defensa antiaérea.

En respuesta, Irán mantuvo lanzamientos de misiles balísticos y drones contra Israel —activando sirenas en Tel Aviv, Haifa y otras ciudades— y contra bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, incluyendo impactos parciales en instalaciones de Baréin, Kuwait y Qatar. El presidente iraní Masoud Pezeshkian ofreció disculpas públicas a los países vecinos por ataques previos en su territorio, pero condicionó la suspensión de estos golpes a que no se utilice su suelo para lanzar operaciones contra Irán. A pesar de la promesa, drones y misiles iraníes continuaron alcanzando objetivos en Emiratos Árabes Unidos (incluido el aeropuerto de Dubái) y Arabia Saudita durante las últimas 24 horas.
Desde Washington, el presidente Trump participó en una ceremonia de recepción de los restos de seis soldados estadounidenses caídos en el conflicto y reiteró su exigencia de “rendición incondicional” como única vía para detener la guerra. “Irán será golpeado muy duro este fin de semana”, advirtió, al tiempo que el secretario de Defensa Pete Hegseth señaló que el enfrentamiento “apenas comienza” y que se desplegarán “nuevas capacidades” en los próximos días. Netanyahu, por su parte, declaró que Israel continuará “con toda su fuerza” y cuenta con un plan sistemático para desestabilizar el liderazgo iraní.

El saldo humano sigue en aumento: autoridades iraníes cifran en más de 1.300 los fallecidos —en su mayoría civiles—, mientras que fuentes independientes y satelitales muestran daños extensos en bases navales como Bushehr y sitios de almacenamiento de misiles. El precio del crudo Brent superó los 93 dólares por barril ante el temor a interrupciones en el Estrecho de Ormuz, generando presiones inflacionarias globales.
La comunidad internacional observa con creciente preocupación una posible expansión regional del conflicto, que ya involucra a Hezbolá en Líbano y ha provocado evacuaciones masivas de ciudadanos estadounidenses y europeos de la zona. Hasta el momento, no hay indicios concretos de negociaciones ni de un cese al fuego inminente.

