Pocos lo imaginan hoy, pero la Mina 6 fue considerada una de las minas de carbón más grandes del mundo. Funcionaba como un gigante subterráneo, una verdadera ciudad bajo tierra que se mantenía viva día y noche gracias al trabajo de cientos de mineros.

Para coordinar cada movimiento interno existía una central telefónica propia, con 3 telefonistas que operaban 55 líneas. Además, la mina contaba con semáforos de verde y rojo para controlar el tráfico de locomotoras en los distintos cañones y accesos.
En su máximo esplendor trabajaban:
🔸 60 muleros, que movían 225 carros de carbón.
🔸 60 motoristas, operando locomotoras dentro de la mina.
🔸 Una casa redonda donde laboraban 10 electricistas y 8 mecánicos encargados del mantenimiento.
🔸 Más de 500 mineros, tanto de pica como de máquinas corteras.
Por la gran cantidad de gas grisú, la Mina 6 era una de las más riesgosas del país. Para mantener la seguridad, contaba con 15 ventilaciones activas las 24 horas del día.
El descenso hacia la profundidad era impresionante:
los mineros bajaban 117 metros en tan solo 55 segundos, en una caleza con capacidad para 21 personas. Aquella rutina marcó a generaciones enteras de familias de la Región Carbonífera.

Su historia también está ligada a tragedias. La explosión del 29 de mayo de 1973, donde murió el superintendente Jesús Contreras, es uno de los episodios más dolorosos de la minería en Coahuila.
La Mina 6 cerró definitivamente el 7 de diciembre de 1976, dejando atrás una época que forjó la identidad de Nueva Rosita. Hoy sigue viva en la memoria de quienes la vivieron como símbolo de trabajo, sacrificio y orgullo minero.
Información tomada de las redes sociales del señor Clodomiro Farías,

