México está entrando en una nueva etapa demográfica. El país, que durante décadas fue considerado una nación joven, enfrenta ahora un proceso acelerado de envejecimiento poblacional, marcado por una baja en los nacimientos, una mayor esperanza de vida y cambios profundos en la estructura de los hogares.
De acuerdo con el Programa Nacional de Población 2026-2030, publicado en el Diario Oficial de la Federación, hacia el año 2034 México tendrá más personas mayores de 60 años que niñas y niños menores de 12. La estimación indica que para ese año los adultos mayores representarán 16.8% de la población, mientras que la niñez menor de 12 años será 16.2%.
Este cambio se explica principalmente por la caída en la fecundidad. En 2023, el promedio nacional llegó a 1.6 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo generacional, que es de 2.1. Esto significa que cada vez nacen menos niñas y niños, mientras la población adulta vive más años.
Actualmente, México cuenta con alrededor de 133 millones de habitantes, y aunque se proyecta que la población seguirá creciendo hasta alcanzar un máximo cercano a 147 millones en 2052, el perfil del país será muy distinto: habrá menos población infantil y juvenil, y una proporción cada vez mayor de adultos mayores.
La esperanza de vida también ha aumentado de forma importante. Según el programa, en México se ubica en 75.85 años, con una diferencia entre mujeres y hombres: 79.24 años para ellas y 72.74 para ellos. Este avance refleja mejoras en salud y condiciones de vida, pero también implica nuevos retos para el sistema sanitario, especialmente por el aumento de enfermedades crónicas y la necesidad de atención especializada.
El envejecimiento poblacional tendrá impactos directos en áreas como salud, pensiones, empleo, cuidados, vivienda y seguridad social. En otras palabras, México deberá prepararse para sostener a una población más longeva, con mayores necesidades médicas y de acompañamiento, pero con menos jóvenes incorporándose a la vida productiva.
El fenómeno no avanza igual en todo el país. Mientras la Ciudad de México ya cruzó este punto desde 2019, entidades como Chiapas lo harán mucho más tarde, alrededor de 2055. Esta diferencia refleja desigualdades regionales en educación, salud, ingresos y acceso a oportunidades.
Especialistas advierten que el reto no es solo vivir más años, sino garantizar que esa etapa se viva con calidad, autonomía y protección social. Por ello, el envejecimiento de México obliga a replantear políticas públicas de largo plazo, desde el fortalecimiento del sistema de salud hasta la creación de modelos de cuidado para adultos mayores.
México no solo está creciendo: está cambiando de edad. Y ese cambio marcará el futuro económico, social y familiar del país durante las próximas décadas.


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